Está sonando. Sigue un ritmo, acompasado. Cada pieza sabe qué movimiento ejecutar, sin embargo, su funcionamiento de forma independiente no tendría sentido sin un conjunto. Ocho colores, multilaminador y dos estaciones de troquelado siguen su coreografía planeada, estricta y armónica. Hay un compás y cada movimiento proyectado dota de belleza a cada gesto, en definitiva, el resultado.

Te dejamos con ella, con la máquina flexográfica de MPS ya instalada en nuestras instalaciones, ya a pleno rendimiento.

Con ella, lograremos producir etiquetas sensibles a olores y temperaturas para el mercado de la alimentación (frescos y envasados) y bebidas (vinos y licores). Además, es una máquina muy eficiente y más amplia respecto al resto de maquinaria con la que estamos acostumbrados a trabajar, lo que se traduce en una ventaja competitiva más a añadir, pues ganaremos en productividad.